Miguel Illescas

 A. Cortés, periodista del Heraldo de Aragón, entrevista en profundidad al GM Miguel Illescas, aprovechando su participación en el II Festival de Ajedrez Memorial Carlos San José, que se celebró en el Stadium Casablanca de Zaragoza, del 20 al 28 de diciembre de 2008.

Le unen bastantes vínculos con la capital aragonesa… ?

Sí, estuve dos años jugando en el Ibercaja, y también competí en los años 80. Esta era una buena oportunidad de volver. Además, es el último torneo con el que cierro la temporada, muy intensa los últimos cuatro meses.

Iniciativas como este Open que organiza el Stadium, siempre permiten revitalizar el ajedrez?

En España hay 40.000 federados, y es uno de los países con más torneos. La presencia de maestros ayuda a fomentar el interés entre los más jóvenes y a su progreso, como en la escuela del Stadium Casablanca. Este es el principal objetivo del torneo, la promoción. No hay tantas oportunidades para que la cantera se vaya fogueando.

¿Al ajedrez le falta eco?

El ajedrez tuvo en España, en los años 80, un gran desarrollo. Con competiciones como el Mundial de Sevilla de 1997, que Televisión Española retransmitió y alcanzó los 14 millones de espectadores. Era la época de los enfrentamientos entre Kasparov y Karpov… Pero, al final, lo que sucede es que muchos deportes se han convertido en un negocio.

¿Y el ajedrez?

No. Te compras un tablero y te dura 20 años, y si lo cuidas bien, toda la vida. No hay más equipamiento alrededor. Quizá es que es un deporte que está pensado para jugar, más que ver.

¿Ya no hay jugadores con carisma?

Fischer revolucionó el ajedrez en los años 70, y el testigo lo tomaron Karpov y Kasparov. Ahora también hay jugadores con carisma, como Viswanathan Anand, el actual campeón mundial que ha sido declarado deportista del milenio en un país como la India, donde el cricket es el deporte nacional. Lo que pasa es que vivimos en una época en la que hay tantos deportes, tantos campeones, que es muy difícil que la gente se quede con el nombre de Kramnik o de Topalov, el actual número uno del mundo, o de Anand. Los campeones anteriores aparecen como leyendas

Usted, ¿se ve como una leyenda?

Llevo desde 1986 como profesional. Son 22 años de carrera. He ganado el título nacional siete veces, un récord que comparto con Antonio Medina y Arturo Pomar y que este año no pude batir. Pero me queda mucho tiempo. Tengo 43 años, y espero que en los próximos 40 pueda ganar varios campeonatos (risas).

La edad no es un impedimento para jugar?
Hay casos increíbles, como el de Víctor Korchnoi, que jugó varios encuentros por el título mundial contra Karpov, y con 77 años está en el Top 100 mundial, compitiendo con chavales de 18 años.

Su aprendizaje fue autodidacta?

Me enseñaron mis padres, con siete años. Entonces no había una estructura que permitiera aprender. Tenías que espabilarte por tu cuenta, no como en otros países, como la ex Unión Soviética, donde los chicos con diez años ya empezaban a trabajar con entrenadores. La única ayuda privada que obtuve fue de General Motors Zaragoza. Recuerdo que su presidente en 1989, Ángel Perversi, me recibió y me preguntó qué me hacía falta para progresar. Le contesté que un ordenador porque todos mis rivales tenían uno. Me dio un cheque de 750.000 pesetas. Le dije a ver qué tenía que hacer y me contesto: “Nada, solo jugar bien”.

Se le consideró el niño prodigio del ajedrez español en la década de los 90, con unos guarismos de récord. ¿Es difícil?

Llegué a estar en el puesto veinte a nivel mundial. Pero empecé tarde profesionalmente, con 21 años, y es un lastre porque llevaba una década de desventaja con respecto a otros jugadores de otros países donde el ajedrez tiene una mayor tradición. Nunca tuve una estructura de entrenadores y de medios como para, realmente, aspirar al título mundial.

¿Ahora es complicado vivir del ajedrez?

No puedes ser bueno en tu profesión si no disfrutas con lo que haces. Para destacar y progresar te tiene que gustar mucho, y tener una disciplina de trabajo enorme. Muy poca gente en España está dispuesta a esto, porque hay otras salidas profesionales y oportunidades de ocio. El ajedrez tiene un prestigio social innegable, pero no se traduce en una mejora de las condiciones del jugador. El futuro del ajedrez profesional es bastante incierto.

 Después de diez años en la elite, decidió abrirse a otros campos ?

Empecé a trabajar como entrenador del que luego sería campeón mundial Vladimir Kramnik; colaboré con IBM en el desarrollo de la máquina “Deep Blue”; en 1999 cree la Escuela de Ajedrez (Escuela de Ajedrez del GM Miguel Illescas, EDAMI).  Ahora entreno a los jugadores jóvenes de la Federación Española, y también estoy trabajando en un nuevo campo que es el ajedrez como herramienta para la formación empresarial, toma de decisiones, y estrategia directiva.

¿Alguna idea en tiempo de crisis?

Hay que ser originales, buscar nuevos caminos. El pensamiento ajedrecístico encierra muchísimas enseñanzas. Muchas veces olvidamos que en las tomas de decisiones y en los procesos de planificación hay que analizar el presente. El ajedrecista está acostumbrado, antes de ver el futuro, a hacer un análisis exhaustivo de la posición. Este hábito estratégico que se desarrolla con el ajedrez muchas veces se olvida en el día a día. Se toman decisiones de forma intuitiva y precipitada.

¿Y el ajedrez como herramienta pedagógica?

Cada vez hay más colegios que incorporan el ajedrez como asignatura, bien sea lectiva o extraescolar. La enseñanza en valores está por los suelos. El ajedrez, como podría ser la música o el arte o cualquier aspecto relacionado con la cultura, tiene una gran virtud: enseña a pensar. Parece poco esta frase, pero es mucho lo que encierra. Te enseña a tomar decisiones, aprendes a asumir la responsabilidad, de que cada acto tiene unas consecuencias. Es una herramienta pedagógica de gran utilidad.

¿El ajedrecista sin ordenador no es nada?

La revolución tecnológica le ha encajado al ajedrez como un guante. Desde hace bastantes años los ordenadores intentan jugar a ajedrez, y ya en 1997 “Deep Blue” le ganó a Kasparov marcando un hito en lo que se consideraba como uno de los retos de la inteligencia artificial. Pero siempre queda algo: la originalidad y la intuición, y esto es patrimonio del ser humano. El ajedrez tiene muchas caras. No es solo un deporte, sino una ciencia, un arte, un juego que lleva dos mil años. Y por algo será.

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